Microcemento en Valencia | Suelos y Paredes sin Juntas

El microcemento permite cambiar por completo el aspecto de un suelo o una pared sin levantar nada: son dos o tres milímetros de revestimiento continuo aplicado sobre lo que ya hay. Menos escombro, menos días de obra y un acabado sin juntas. Ahora bien, es un revestimiento, no un pavimento: todo depende del soporte sobre el que se aplique. En Construcciones PMO Valencia lo aplicamos en toda la provincia y, antes de presupuestar, comprobamos si su suelo lo admite.

Microcemento en suelos, paredes y baños

Se puede aplicar en suelos, paredes, frentes de cocina, escaleras, encimeras y zonas de ducha, tanto en vivienda como en local comercial. Su gran ventaja es la continuidad: sin juntas, el espacio se ve más amplio y la limpieza es mucho más sencilla, sin las líneas de silicona y lechada que amarillean.

La otra ventaja es la obra que se ahorra. Al ir sobre el pavimento existente, no hay que picar ni retirar escombro, no se toca la altura de las puertas —el espesor es mínimo— y una vivienda puede seguir habitable durante buena parte del proceso. En una reforma de local, además, reduce los días de cierre, que suele ser lo que más preocupa.

Es un material que admite muchos acabados —más liso o más marcado, mate o satinado— y una gama amplia de colores, así que encaja igual en una reforma contemporánea que en una rehabilitación donde se quiera un fondo neutro.

La verdad sobre el soporte: dónde falla el microcemento

Aquí está todo. El microcemento copia lo que tiene debajo: si el soporte se mueve, se fisura o está hueco, esa fisura acabará apareciendo en la superficie, y no será culpa del material. Por eso, antes de aplicar, se comprueba que el pavimento existente está bien adherido —golpeando, para detectar zonas huecas—, se sanean las piezas sueltas y se trata cualquier fisura viva.

Sobre azulejo o gres se aplica sin problema, pero hay que imprimar y, según el caso, rellenar juntas anchas para que no se marquen. En suelos con humedad por capilaridad no se debe aplicar sin resolver antes la humedad: quedaría atrapada y terminaría levantando el revestimiento. Cuando encontramos algo así lo decimos, aunque suponga proponer una obra mayor de la que el cliente esperaba.

Cómo se aplica, capa a capa

No es pintura y no se aplica en un día. El proceso es: preparación y saneado del soporte, imprimación específica según el material de base, colocación de malla en toda la superficie o en las zonas de riesgo para repartir tensiones, dos capas de base con lijado entre ellas, dos capas de acabado —que son las que dan el color y la textura final—, y por último el sellado con barniz de poliuretano en varias manos.

Cada capa necesita su tiempo de secado, así que un suelo de microcemento son varios días de trabajo, no una tarde. Y el sellado final es lo que determina la resistencia real al agua, a las manchas y al desgaste: es la parte donde no se puede escatimar ni en producto ni en número de manos.

Microcemento en la ducha: lo que hay que saber

Es una de las aplicaciones más pedidas y también la que más problemas da mal ejecutada. El microcemento no es impermeable por sí mismo: la estanqueidad la aporta la impermeabilización que va debajo y el sellado que va encima. En una ducha hay que impermeabilizar el soporte antes de aplicar, con especial cuidado en encuentros y en el desagüe, y sellar después con un producto apto para inmersión frecuente.

Hecho así, un plato de ducha de microcemento funciona perfectamente y queda espectacular. Aplicado directamente sobre el alicatado viejo y sellado con cuatro manos de barniz genérico, empieza a dar problemas en la primera temporada. Es la diferencia entre los dos presupuestos que probablemente le hayan pasado.

Cómo trabajamos el microcemento

  1. Comprobación del soporte: adherencia, fisuras, humedad y planeidad

  2. Saneado, relleno de juntas e imprimación específica

  3. Colocación de malla para repartir tensiones

  4. Dos capas de base con lijado intermedio

  5. Dos capas de acabado: color y textura definitivos

  6. Sellado con barniz de poliuretano en varias manos

  7. Instrucciones de uso y mantenimiento por escrito

Si el soporte no admite microcemento, se lo decimos antes de aceptar el trabajo. Aplicarlo sobre un suelo que se mueve es garantía de tener que rehacerlo.

Qué determina el precio del microcemento

Es un trabajo intensivo en mano de obra, así que el precio depende sobre todo de:

  • El estado del soporte y el trabajo de preparación que exija.

  • La superficie: los metros sueltos salen caros porque el número de capas y los secados son los mismos.

  • Suelo o pared, y la cantidad de encuentros, rincones y peldaños, que multiplican el tiempo.

  • Si hay zonas húmedas, que llevan impermeabilización previa y sellado específico.

  • El acabado elegido y el tipo de sellador.

Conviene tener en cuenta también los días de secado, que no son mano de obra pero sí calendario: entre capa y capa hay que esperar, y el sellador final necesita su tiempo de curado antes de poder pisar con normalidad o de volver a usar la ducha. En una vivienda habitada eso significa organizar la obra por zonas y contar con unos días de incomodidad, algo que un presupuesto solo con metros cuadrados no refleja pero que es lo primero que pregunta quien vive en la casa.

Visitamos la vivienda, comprobamos el soporte y damos presupuesto cerrado por partidas, con la preparación y el sellado detallados. Un presupuesto de microcemento que no explica cómo se prepara el soporte no se puede comparar con otro que sí lo hace.

PREGUNTAS FRECUENTES

Sí, es una de sus aplicaciones más habituales y evita picar. Hace falta comprobar que el alicatado está bien adherido —si suena hueco, hay que sanear esa zona—, imprimar con producto específico y, cuando las juntas son anchas, rellenarlas antes para que no se marquen. Sobre azulejo suelto o con humedad detrás no se debe aplicar.

Sí, pero con una condición que no es negociable: el microcemento no impermeabiliza por sí solo. Debajo tiene que haber una impermeabilización correcta, con sus bandas en encuentros y el desagüe bien resuelto, y encima un sellador apto para exposición continua al agua. Hecho así funciona muy bien; aplicado directamente sobre lo viejo, da problemas pronto.

La resistencia la da el sellado, no el microcemento. Con un buen barniz de poliuretano en varias manos aguanta bien el uso doméstico, aunque no es indestructible: arrastrar muebles sin protección lo marca, igual que a un parquet. Las manchas de sustancias agresivas —ciertos productos de limpieza, aceites fuertes— conviene retirarlas pronto. Y cada varios años, según el uso, toca renovar el sellado.

Se puede y es de los usos que mejor funcionan: un frente de cocina, la pared de la ducha o un paño del salón. Lo que hay que cuidar es el encuentro con el resto de acabados, porque el microcemento no lleva rodapié ni junta de cerámica que disimule: el remate se resuelve con un perfil o con un corte limpio y a plomo, y ahí se nota si el aplicador tiene oficio. En paredes, además, se puede jugar con el espesor y el sellado mate o satinado para que no cante frente a la pintura contigua.

Varios, aunque sean solo unos milímetros: hay imprimación, dos capas de base con lijado, dos de acabado y varias manos de sellado, y cada una necesita su secado. Es un trabajo que no se puede comprimir sin comprometer el resultado. En una vivienda habitada se organiza por zonas, y hay que contar con unos días sin poder pisar la superficie tratada.

En suelo radiante funciona muy bien, precisamente porque es una capa fina y continua que transmite el calor sin las juntas de un pavimento cerámico. La condición es respetar el protocolo de puesta en marcha de la instalación antes de aplicar: encender el circuito de forma gradual, mantenerlo unos días y apagarlo antes de revestir, para que el soporte haya hecho su movimiento térmico. En zonas de mucho paso —un local comercial, un recibidor— aguanta sin problema si se sellan bien las capas de acabado y se rehace el sellado cada cierto tiempo, que es un mantenimiento sencillo pero que no se puede saltar.

Se confunden a menudo y son cosas distintas. El cemento pulido es una solera de hormigón de varios centímetros que se pule en su superficie: aporta estructura, pesa y exige altura. El microcemento es un revestimiento de un par de milímetros que se aplica sobre lo que ya existe y que no aporta resistencia estructural ninguna: si el soporte se mueve o fisura, el microcemento lo copia. Por eso la clave del resultado no está en el material de acabado, sino en cómo esté el suelo o la pared de debajo, y de ahí que la preparación del soporte se lleve buena parte del trabajo.

El microcemento en sí no se agrieta: refleja lo que hace el soporte. Si debajo hay una fisura viva, una zona hueca o un movimiento estructural, aparecerá arriba. Por eso el trabajo serio empieza comprobando y saneando el soporte y colocando malla para repartir tensiones. Cuando alguien da un precio muy bajo, casi siempre es esa parte la que ha desaparecido del presupuesto.

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Díganos qué superficie quiere revestir y cómo está ahora. Comprobamos el soporte, le decimos con franqueza si admite microcemento y le entregamos un presupuesto cerrado por partidas, con la preparación y el sellado detallados.

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