Reformas Integrales en Valencia | Proyecto, Licencia y Obra
Una reforma integral no es la suma de una cocina, un baño y pintura: es una obra en la que se vacía la vivienda, se rehacen las instalaciones y se vuelve a construir por dentro. El resultado depende menos de los materiales que se elijan que de tres cosas que se deciden antes de empezar: qué se puede tocar de la estructura, qué admiten las instalaciones del edificio y en qué orden entran los oficios. En Construcciones PMO Valencia ejecutamos reformas integrales en viviendas, locales y edificios completos de toda la provincia, con un único responsable de obra de principio a fin.
Empresa de reformas integrales en Valencia
Empezamos por el levantamiento de lo que hay, no por el catálogo. En un piso valenciano de los años sesenta o setenta —Patraix, Benimaclet, Malilla, Benicalap— lo que condiciona la reforma es siempre lo mismo: si los tabiques que se quieren tirar son de carga, por dónde bajan las bajantes, si la instalación eléctrica tiene circuitos independientes o una sola línea para toda la casa, y si hay ventilación para la cocina y los baños interiores. Eso decide la distribución posible; el resto son acabados.
Una reforma integral bien planteada incluye, sí o sí: demolición y retirada de escombro con gestor autorizado; instalaciones nuevas de fontanería, saneamiento y electricidad, con el cuadro adaptado a la normativa vigente; distribución con la tabiquería que corresponda; climatización y ventilación; revestimientos, solados y falsos techos; carpintería interior y exterior; y los remates. Cuando un presupuesto de reforma integral no detalla las instalaciones, lo que suele significar es que se van a aprovechar las viejas.
También hacemos reformas de local y de edificio completo. En local comercial se añaden dos capas que en vivienda no existen: la licencia de actividad, que condiciona salidas de humos, aforos, accesibilidad y protección contra incendios, y unos plazos que suelen ir atados a la apertura del negocio, con penalización real si se retrasan.
Qué se puede cambiar de la distribución
La pregunta que abre toda reforma integral. Los tabiques que no son de carga se pueden eliminar sin más trámite: son la mayoría de los interiores. Los muros de carga se pueden abrir, pero eso ya es obra estructural, con cálculo, cargadero, apeo y licencia, no declaración responsable. La fachada no se toca sin licencia y sin permiso de la comunidad, y en muchos edificios hay además normas sobre la carpintería exterior.
Hay dos elementos que sí o sí condicionan y que la gente descubre tarde: la posición de las bajantes, que fija dónde pueden estar los baños y la cocina —moverlos es posible pero exige pendiente y a veces suelo elevado—, y los shunts de ventilación, que son comunitarios y no se pueden anular para ganar un armario. Cuando hacemos el levantamiento previo, esto queda cerrado antes de dibujar nada, y por eso la distribución que se presupuesta es la que se ejecuta.
Presupuesto cerrado y por partidas: qué debe incluir
El sitio donde una reforma integral se tuerce casi siempre es el presupuesto. Un precio a tanto alzado —”reforma integral de 90 m², X euros”— no permite comparar nada ni discutir después, porque no dice qué hay dentro. Nosotros presupuestamos por partidas, con mediciones, y en cada una debe poder leerse qué material y qué calidad se está poniendo.
Las partidas que más veces faltan en un presupuesto barato y luego aparecen como “imprevisto”: la gestión del escombro con gestor autorizado y su certificado; la renovación completa del cuadro eléctrico y los circuitos independientes que exige el reglamento; la ventilación de cocina y baños interiores; los refuerzos para colgar sanitarios suspendidos y muebles altos; el rodapié y los remates; la limpieza de fin de obra; y los trámites, sea declaración responsable o licencia con proyecto. Sumadas, no son un detalle: son un porcentaje serio de la obra.
Y una advertencia que damos siempre: en rehabilitación, lo que no se ha abierto todavía es lo que puede mover el precio. Por eso conviene reservar un margen para imprevistos —una bajante podrida, una vigueta afectada, una instalación de gas que hay que rehacer— en lugar de firmar el presupuesto más ajustado y descubrirlo a mitad.
Vivir en la obra, o no
Una reforma integral con la vivienda habitada es posible solo si se puede compartimentar y siempre queda un baño en servicio, y aun así alarga el plazo porque hay que trabajar por fases y proteger cada día. Nuestra recomendación honesta es no hacerlo cuando la reforma toca todas las instalaciones: se pasa mal y se acaba pagando más.
Si la vivienda se vacía, la obra avanza en línea recta y el plazo se acorta de forma apreciable. Lo que sí organizamos siempre, se viva o no dentro, es la relación con la comunidad: horarios pactados, protección de portal y ascensor, y limpieza del acceso al final de cada jornada. En una finca de vecinos, eso pesa tanto como el resultado final.

Cómo llevamos una reforma integral
Visita y levantamiento: estructura, instalaciones, ventilación y estado real de lo que hay
Propuesta de distribución con las limitaciones del edificio ya resueltas
Presupuesto cerrado por partidas, con mediciones y calidades escritas
Trámites: declaración responsable o licencia con proyecto y dirección facultativa según el alcance
Demolición y retirada de escombro con gestor autorizado
Instalaciones nuevas, distribución y falsos techos
Revestimientos, carpintería, acabados y limpieza de fin de obra
Durante toda la obra hay un solo responsable que coordina a los oficios y da la cara. Es lo que evita el problema clásico de la reforma con gremios contratados por separado: que el electricista culpe al alicatador y el cliente acabe de árbitro.
Qué determina el precio de una reforma integral
Por orden de peso real sobre el presupuesto:
El alcance de las instalaciones: rehacerlas por completo frente a aprovechar parte es la mayor diferencia entre dos presupuestos que parecen iguales.
Los cambios de distribución, sobre todo si mueven baños o cocina de sitio.
El estado de partida: una vivienda de 1970 sin tocar no es lo mismo que una reformada hace quince años.
El nivel de acabados, que es lo único que el cliente controla al cien por cien.
La accesibilidad: planta, ascensor y posibilidad de contenedor en la puerta cambian el coste de mover material y escombro.
Hacemos visita técnica sin compromiso y entregamos el presupuesto por partidas para que se pueda ajustar donde interese —normalmente en acabados— sin recortar lo que no se debe recortar, que son las instalaciones y lo que queda oculto.
PREGUNTAS FRECUENTES
¿Cuánto se tarda en una reforma integral?
Una vivienda de unos 90 metros cuadrados, vacía y con cambio completo de instalaciones, suele estar entre dos y tres meses de obra. Si se mantiene habitada, hay que trabajar por fases y el plazo se alarga de forma notable. A eso se suman los plazos previos que no dependen de la obra: los trámites municipales y, sobre todo, los tiempos de fabricación de cocina, carpintería y encimeras, que se miden cuando la obra ya está avanzada y pueden ser de varias semanas.
¿Necesito licencia para una reforma integral?
Depende del alcance. Si no se toca estructura, ni fachada, ni elementos comunes, en Valencia basta con la declaración responsable de obra menor. En cuanto se abre un hueco en muro de carga, se modifica la fachada, se cambia el uso del local o se altera un patio o un shunt comunitario, hace falta licencia con proyecto técnico y dirección facultativa. En la visita determinamos en qué caso está y lo tramitamos como parte de la obra.
¿Puedo tirar la pared entre el salón y la cocina?
Si es un tabique de ladrillo hueco, sí y sin complicación. El problema es que en muchos bloques valencianos ese paño esconde un pilar, una bajante o el shunt de ventilación, y entonces la apertura hay que resolverla con un dintel o desplazar el hueco. Si el muro es de carga, se puede abrir igualmente, pero con cálculo, apeo, cargadero y licencia. Lo comprobamos antes de presupuestar, no después de empezar: es la diferencia entre un presupuesto que se cumple y uno que se modifica a mitad.
¿Qué pasa si aparece algo inesperado a mitad de obra?
En rehabilitación pasa, y lo honesto es decirlo antes: una bajante podrida, una vigueta con corrosión, una instalación de gas que hay que rehacer entera. Lo que no debe pasar es que aparezca como sorpresa en la factura. Cuando surge, lo documentamos, lo valoramos por escrito con su precio y se decide antes de ejecutarlo. Por eso conviene no firmar el presupuesto más ajustado sin margen: el que no contempla imprevistos no es que sea más barato, es que los cobra después.
¿Puedo ir comprando yo los materiales para ahorrar?
Se puede, y a veces tiene sentido en piezas muy concretas donde el cliente ya tiene decidido el modelo. Pero conviene saber qué implica: los plazos de entrega pasan a depender de usted, y si el material llega tarde o no es el correcto, la obra se para con el equipo dentro; la garantía del producto queda de su lado y no del nuestro; y el ahorro suele ser menor de lo esperado, porque el precio de un material aislado en tienda no es el de compra habitual de una empresa. Lo que sí hacemos siempre es detallar marca y modelo en el presupuesto para que se pueda comparar.
¿Trabajáis también reformas de locales y edificios completos?
Sí, y es una parte importante de lo que hacemos. En local comercial el condicionante añadido es la licencia de actividad, que determina la salida de humos, la accesibilidad, el aforo y la protección contra incendios, y conviene resolverla antes de diseñar nada. En edificio completo trabajamos con la propiedad o con la comunidad, por fases y con calendario, y coordinamos la obra con la ocupación cuando el edificio sigue en uso.
Presupuesto de reforma integral
Cuéntenos qué quiere reformar y hacemos visita técnica: revisamos estructura, instalaciones y ventilación, y le entregamos un presupuesto cerrado por partidas donde se vea qué cuesta cada cosa. Llámenos al 603 016 101.
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